Die Schönste Krankheit des Weltalles

Mr. Murphy Says It Better

Acknowledgements

sábado, 15 de mayo de 2010

A Strange Hour

Hace más de veinticuatro horas finalizó el espectáculo A Strange Hour with Alan Wilder & Paul Kendall, evento en el cual nos reunimos muchas personas, demasiadas para la exclusividad del mismo, para escuchar a los dos músicos manejar de manera magistral sus Macbooks, cajas de ritmos y sintetizadores. Vería a uno de los mayores genios que la escena musical inglesa (como suele suceder) había producido durante toda su historia.

La sala del Lunario comenzó a recibir a los espectadores (cuyas edades llegaban hasta los 40 años de edad, y alguno que otro menor de veintiuno) alrededor de las 8 pm, y tan sólo al entrar el DJ ya estaba amenizando la espera. Casi todo su playlist consistió en música electrónica variada, pero los géneros se apegaban al estilo particular de lo que estaba por venir. Comenzó con Kraftwerk a un ritmo bailable, para después hacer una mezcla bastante digna de fragmentos de "Love Will Tear Us Apart" de Joy Division y "Bela Lugosi's Dead" de Bauhaus, usando como fondo "Tear You Apart" de She Wants Revenge, siendo éste uno de los mejores momentos de las horas previas. Siguieron varios, entre ellos Visage y Nitzer Ebb. Después de un rato dos DJs más jóvenes, chico y chica, tomaron los tomaron las laptops y los tornamesas para cambiar por completo el esquema ya establecido, pues comenzaron a poner música de corte más rockero. Los ánimos decayeron un poco cuando surgieron disonancias y tonos demasiado altos, lo cual desencadenó la inconformidad del público. No tardaron en escucharse los fínisimos reclamos, los cuales consisten siempre en la típica rechifla y señas de todo tipo. Todos estábamos impacientes de que Mr. Wilder saliera a reventarnos la mente, pero tuvimos que conformarnos con los inexperimentados DJs y con el flujo de alcohol. Varios minutos después volvió el primer DJ a apaciguarnos a todos y le añadió upbeat a "Higher Love" y "Clean" de Depeche Mode", recordándonos que Mr. Wilder le dio catorce de sus mejores años a dicha banda, haciendo de ella lo que no ha vuelto a ser. Por desgracia se le acabaron las ideas y volvió a repetir "I Fade to Gray". Finalmente se retiraron los tres y los playlists, y las grandes cantidades de martinis (en mi caso), siguieron su curso.

A las 11:10 pm, justo al finalizar una versión instrumentalizada de "Harrowdown Hill" del buen Thom Yorke, las luces apagadas anunciaron el fin de la espera. Bajo la atmósfera ominosa de "Shunt" apareció un hombre de cabello largo y gris en camiseta blanca, Paul Kendall, quien después de dar un cordial saludo al público tomó su lugar frente a una de las computadoras. Un par de segundos más tarde apareció Alan Wilder, usando camisa negra, muy sonriente y con cerveza en mano, saludando a todos los asistentes, agradeciendo las ovaciones y dando la mano desocupada a las personas más próximas. No consideré necesario acercarme, pues la vista era perfecta desde mi puesto y no quería acalorarme, además de que quería apreciar mejor las visualizaciones. Horas antes noté que algunos asistentes llevaban camisetas de DM con el artwork y las fotografías de la alineación, i.e. sin Wilder, de su disco más reciente. Me pareció algo ofensivo, pues lo que DM ha hecho en épocas recientes no se compara con lo que Recoil ha logrado desde años atrás, aún si ellos venden más discos y son más famosos; de hecho, Recoil siempre fue el reducto donde Wilder desahogaba la faceta creativa que no tenía lugar en el círculo de Martin Gore. Por fortuna no lo notó y tomó su lugar. La expectativa crecía mientras escuchábamos un medley que reunía fragmentos de "Electro Blues for Bukka White", "Black Box" y "Red River Cargo", para desencadenar en percusiones contundentes y en el furioso blues guitarrero del remix que David Husser hizo de "Prey". Wilder y Kendall ya habían echado a andar su maquinaria mientras que observábamos imágenes con la gloriosa carrera armamentista del siglo pasado, accidentes aéreos, ejercicios militares, bombardeos, invasiones y la herencia del Proyecto Manhattan. Alan sabía lo que queríamos, y después de varios minutos las pantallas se fundieron en estructuras metálicas que, conforme las perpectivas cambiaban, nos adentraba a las pesadillas carnales que la mente del suizo H. R. Giger podría concebir, mientras la oscura voz de Nicole Blackman nos susurraba al oido "I wanna keep you alive, so there's always the possibility of murder later", sin dejar de guiarnos hacia sus más profundos deseos. Cuando los movimientos pélvicos de las figuras humanoides tomaron cierta cadencia, los dos masters manipularon la caja para acelerar los beats. La voz ansiosa de Siobhan Lynch nos llevó de la mano hacia la fantasía S&M de algunos inocentes parroquianos, mientras "Drifting" nos hipnotizaba con su ritmo voluptuoso, fundiéndose en la tranquilidad acuosa que nos produce "Alellujah" que contrasta con el video de Dmitri Semenov, pero que encaja perfectamente en la mirada triste de una bella mujer. Pero fue obligatorio agregar más vivacidad y los músicos cambiaron la estructura original de la melodía, resaltando los beats nuevos y una bassline que se camuflajeaba en las vistas panorámicas de las grises carreteras rusas. Al poco tiempo viajamos por el tiempo para conocer la cotidianeidad del "American way of life" de los años 50s, con un ritmo fragmentario que le daba forma al campo de batalla para que "The Killing Ground" nos llevara un poco más al futuro. Todos tuvimos la oportunidad de escuchar los últimos minutos registrados en una pequeña caja negra, una forma en la que Wilder nos habló sobre su experiencia cercana a la muerte. Y seguimos viajando a décadas más cercanas, en la etapa más mainstream, pero no menos maravillosa, del tecladista inglés. Todos movimos los brazos de manera correspondiente al "Never Let Me Down", versión Aggro Mix, pero con un tono más bajo, pero no menos impresionante. Momento inolvidable para todos los asistentes. Las nuevas versiones de canciones pasadas encontraron eco en nuestra memoria, sin darnos cuenta que ya habían pasado más de diez años en el que la mente maestra le dio al mundo Liquid, uno de los discos más arriesgados y difíciles que llevaría al más allá un estilo ya bosquejado en Unsound Methods. Diamanda Galás nos dijo que nos recibiría en el cielo con sus mejores vestiduras de fuego, mientras una nueva versión de "Strange Hours" alteraba la realidad que estábamos experimentando. Debo confesar que esta mezcla me dejó un tanto confuso, pues no sé si realmente era necesario reformar una canción que siempre ha sido una obra maestra.

Algunas improvisaciones trajeron la interrogante de la noche: "¿a dónde nos llevará esta secuencia?" Los breves latidos de "Shunt" desviaron un poco los movimientos de nuestros corazones a una vertiente más calmada, pues necesitábamos un poco de aire para poder digerir los catárticos versos de Douglas McCarthy, los cuales se reflejaron en nuestras voces:

You are nothing. You are nothing without me. You are nothing. You are nothing without me. If I am taken, you think that you can live again. But you are nothing. You are nothing without me. Without me you are nothing. Without me you are nothing.

Por un momento creí haberme convertido en un animal que caza a su presa sin descanso, acercándome lo suficiente y hacerle ver que, contrario a lo que ella cree, mi constante persecución se convierte en la única razón de su existencia. Ella, mi objeto de deseo, me ha quitado toda la gloria, toda la fuerza, todo lo que tenía que dar. Pero sin mí, ella no sería nada, no tendría nada. Me necesita más de lo que yo la necesito. Corrí una gran distancia a través de la nieve y tuve que detenerme porque me transportaron a una zona cero en la que la batería intermitente de "Black Box" advirtió la caída de un aeroplano, muy cerca de donde el trance me había abandonado. Quizá fui derribado y caí en alguna parte de los Pirineos, pues una mujer empezó la cuenta regresiva en un idioma que me sonaba bastante familiar, o que debería ser totalmente familiar para mí. Las experiencias religiosas se manifiestan de maneras muy misteriosas, y también aisladas. El fanatismo de los creyentes tuvo muchas apariencias, desde lo ridículo hasta lo terrorífico. Dicen que la fe puede sanar al más enfermo, si éste sólo cree. Douglas McCarthy apareció dando su sermón como el "Faith Healer", pero su apariencia me recordó el artifició grunge de algún ministro que buscaba atraer jóvenes adeptos.

"Shunt" alcanzó el cénit de la noche, pero ya sin medias tintas. Aprecié el ritmo acelerado de una caída libre en un abismo sin fondo. El beat industrial de dicho track genera un vértigo del cuál es difícil salir librado sin recibir ciertos golpes, pero son golpes que vlen la pena recibir. La atmósfera incial anuncia cierta lejanía de la fuente de sonido, pero esa lejanía se disuelve y nos acercamos demasiado al vórtice. Ya nada puede detenernos. La línea con sangre nos lleva hacia el fin de la velada, y los músicos dejan de tocar. la alucinación musical duró alrededor de ochenta minutos, pero hubiera querido que durara ciento sesenta. En cuanto ví que Alan y Paul se despedían y se retiraban del escenario creí que era broma, pero mis temores se confirmaron cuando sólo Alan volvió a salir para agradecernos a todos. La alucinación duró muy poco, por lo que me tuve que resignar a la pérdida. Sabía que pasaría una hora extraña, pero me hubiera gustado que durara toda la noche. No obstante, los genios también se desgastan. Alan se retiró para su merecido descanso, auqnue su obra alcanza tales magnitudes que bien podría habernos dado más momentos de música.

Las horas extrañas son diferentes a las comunes. Son memorables pero cortas.

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Still Life



Lyrics: Joakim Montelius